La semana pasada, nuestro Director Creativo, Jaime Roig de Diego, obtuvo un premio en un Certamen literario. Se trata de la Mención Especial del Jurado en el “I CONCURSO DE RELATOS CORTOS AINOS”.

Le pedimos que nos hable de la escritura creativa, de cómo sorprender y emocionar a un jurado… Algo de esta experiencia.

Creo que a mis compañeros bregados en los asuntos de la comunicación, lo que les ha llamado la atención, no es que haya ganado o no, un premio literario. Ellos saben que llevo escribiendo toda la vida profesional. Lo que les ha hecho gracia, como estrategas, es saber cómo mi relato ha conseguido, ponerse de puntillas, hacer el pino o “une petite cabriole” para que merezca esta Mención del Jurado ( premio que, sinceramente, yo valoro tanto como el primer y único Galardón).

En primer lugar debo decir que no me gusta nada concursar; ni en Literatura ni en Pintura. Siempre lo había hecho con desgana (eso es un error). Lo atribuía a que no era competitivo, aunque mi “santa” me lleva la contraria:

- No serás competitivo en los deportes porque no te gustan.

- Pues- le replico- siempre envidié las habitaciones de mis amigos cuando éramos adolescentes: con estanterías llenas de Copas y medallas colgando… Recuerdo el cuarto de Guillermo restallante de trofeos…Todos eran atletas. Creo que eso cercenó mis ansia por competir. 

De mayor compensé esa escenografía, cuando monté mi primer despacho, llenando las paredes con los Títulos, Diplomas, Cursos enmarcados en bonitos dorados,… Me quedó una cosa tan solemne, que a mi mismo me parecía, cada vez que entraba, que iba a ver a un Notario. Se parecía un poco a la consulta de Freud en Viena. No tardé nada en desmantelarlo y poner mi estudio de pintura. Pequeño, urbano, práctico…y “mucho más yo”.

Pues la verdad es que imagino que lo que le ha gustado al Jurado es precisamente lo que  dice en su comunicado: que el relato y sus valores están “en consonancia con el premio del Concurso FUERA DE CASA e incidiendo en un estilo de vida saludable, en este caso El Bierzo (León)”.

No voy a hacer ningún taller de escritura creativa, que eso lo hacen muy bien las amas de casa que perpetran “Best sellers”, y no seré yo quien me meta en su negocio. Como dicen los toreros, tengo mucho respeto a quien que se pone ante el morlaco de la hoja en blanco.

Post-Jaime-Roig

 

Lo único que puedo recomendar es aquello tan antiguo de “escribir de lo que se conoce”… a menos que se tenga mucha capacidad de inventar universos desconocidos y poder poblarlos de seres fascinantes.

Si vas a escribir para un concurso de relatos que patrocina una marca de Perfumes, lo lógico es que no hagas una loa y exaltación del hedor y la putrefacción. Un escritor, como un actor, sabe empatizar y resaltar virtudes sin caer en el folleto publicitario. 

Y como comunicador, me gustaría resaltar algo: escribir no es un ejercicio o actividad únicamente para literatos. TODOS ESCRIBIMOS; mal, pero lo hacemos: sms, correos, wassaps, informes…y HABLAMOS.

Expresarse correctamente, tanto si es por escrito o de modo oral, puede ser decisivo en nuestras vidas. Mucho más de lo que podemos llegar a imaginar.

Un pensamiento expresado de un modo conciso y contundente, en tono amable y de forma educada, puede abrirnos las puertas que un balbuceo errático, varias frases inconexas o una expresión malhumorada conseguirán cerrar. 

Las faltas de ortografía son una muestra de incultura, no puede haber tolerancia en eso; la ha habido, y mucho, en áreas docentes. Ahora hay reconocimiento del error y el mal ya está hecho. En un currículum, son patadas en el trasero. El adiós a la posibilidad de un trabajo.

Expresarse de modo correcto no tiene por objeto que te den premios literarios: es para que todos nos comuniquemos mejor. Que cuando indicas una dirección, la gente llegue; que no te hagan un trabajo al revés; que las cosas no tengan que repetirse…

Sin tener que citar a Cyrano de Bergerac, es evidente que los enamorados han buscado eternamente, seducir con frases que arrebataran de amor.  Pero la seducción en la expresión sirve para convencer en el amor, en los negocios, o… para conseguir mesa en el restaurante de moda.

Las nuevas tecnologías con todos sus recursos (emoticonos, etc), son otra excelente oportunidad de comunicarse, aunque no tienen “patente de corso” para masacrar el idioma porque no hay ninguna necesidad.

La penúltima recomendación es la de ser uno mismo. A menos que seas un profesional de la literatura, es preferible transmitir naturalidad. Que no parezca que lo has copiado o que te lo ha escrito otra persona.

La última es sencilla y muy fácil de cumplir: leer mucho, preferiblemente a los grandes escritores y también a los buenos periodistas (ojo con estos: no confundir afinidad ideológica con calidad literaria). Mark Twain decía que “La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga”. Un periodista  sectario pondrá el foco en la diana de su objetivo y no en resaltar el brillo del lenguaje.

Aún así, lean. Si los niños ven a sus padres con un libro (o e-book) en las manos, hay muchas posibilidades de que, de mayores, sean grandes lectores y escritores correctos.

La palabra escrita fuerza la imaginación y potencia la concentración de los niños, algo que en los estudios y en la vida les será de gran utilidad.

Pero por encima de todo, piensen en las horas de felicidad que los libros proporcionan a todos aquellos que tenemos la fortuna de amarlos.

Jaime Roig de Diego